LA HAMACA... TRADICIÓN CENTENARIA

 

Redacta: Sigfredo Romero Sánchez

Es impresionante la cantidad de personas que participan directamente en el Baile de la Hamaca año tras año. Todos vinculados a elementos simbólicos de la cultura y raíces afro caribeñas, con ritos indígenas y con tradiciones europeas de representación de la muerte o cierre del carnaval, además de toda esta fuerza expresiva que constituye una forma de escape que por sus efectos terapéuticos contribuyen a la conservación del equilibrio psicológico colectivo.

 

 

La Hamaca es propia del barrio San Millán, municipio Puerto Cabello y su organización es responsabilidad del Grupo Folklórico San Millán que preside Germán Villanueva, quien afirma que esta tradición carnavalesca fue llevada a Puerto Cabello por comerciantes holandeses y curazoleños. A pesar de su posible origen caribeño, La Hamaca rememora los antiguos procedimientos campesinos a su vez heredados de costumbres afro venezolanas o indígenas, de traslado de enfermos y entierro de sus muertos; y su desarrollo contiene velorio, recorrida, drama y entierro.

Todo comienza el día lunes de carnaval cuando llegan los visitantes, amigos y sanmillaneros que participan en esta celebración y se hacen los preparativos para el Velorio que ocurre a la medianoche del mismo día. A ritmo de tambor, charrasca y cachos sigue un paseo por las calles de la comunidad, mientras alguna voz exclama: Ya se murió! y todos responden: Hay que enterrarla!

En la esquina de la Cruz, la Hamaca es colgada sobre soportes y rodeada por organizadores y amigos de la manifestación, quienes además colocan velas alrededor del objeto simbólico, en tanto los integrantes del grupo San Millán juran respetar y mantener la tradición.

Al día siguiente -Martes de Carnaval- llegado el mediodía, sale La Hamaca del barrio, a recorrer todas las calles de Puerto Cabello. Las mujeres bailan alegremente mientras llevan y rodean La Hamaca, al tiempo que van entonando el canto ya descrito. En su recorrido se simulan dramas, tal como el que ocurre cuando uno de los hombres hace caer La Hamaca al golpearla con un garrote, hecho que provoca una aparente crisis en las mujeres quienes simulan llorar sobre el muerto. Esta reacción despierta celos en los hombres quienes se enfrentan entre sí, en una lucha a palos. En algún momento las mujeres se dirigen a los hombres para invitarlos a bailar, cambiando la música por golpe de tambor, reiniciándose de esta manera la marcha. La Hamaca hace un alto en la Planchita y un segundo descanso en el barrio Rancho Chico donde la comunidad hermana brinda bebidas y el popular sancocho a los sanmillaneros, Llegada la tarde, cerca de las seis, La Hamaca entra a San Millán para realizar un último recorrido por las calles del barrio.

Entre los integrantes de esta tradición se pueden distinguir: los propios miembros, conocidos como hamaqueros, quienes visten ropas multicolores; las mujeres, siempre con vestido femenino, mientras los hombres llevan camisa multicolor y los rostros pintados, todos con las frentes adornadas con cintas de colores vivos. A los hombres no hamaqueros no les está permitido llevar camisa y de hacerlo corren el riesgo de que se la rompan encima. Los hombres no hamaqueros van con el torso desnudo y solo pintados con colores vivos y brillantes, mientras las mujeres pintan sus caras.

La Hamaca es un evento de mucha convocatoria. Se afirma que ha sobrepasado las tres mil personas, desplegando gran actividad física, con momentos de intensidad emocional, como al finalizar, cuando se sube La Hamaca; ahí surgen los mejores versos, la música se escucha con mayor intensidad, confundiéndose hombres y mujeres entre baile, canto, abrazos y lágrimas que despiden a La Hamaca y al Carnaval hasta el siguiente año.

Una gran ausencia vive hoy La Hamaca, y es la desaparición de Viviano Pitre, quien se fue de este mundo llevándose la receta de la Pepa'e Burra. En su honor y como un gesto simbólico, sus hijas cargaron, cantaron y acompañaron la Hamaca durante el recorrido cíe los carnavales de 1999, que duró cerca de siete horas caminando, bailando y entonando: Ya se murió! Hay que enterrarlo!