La Escuela Nueva

Profesora Nallibir Rivero.

 

La Escuela es una frase mágica que marca los caminos de la educación, envuelve el contexto de la “segunda casa, segundo hogar” y por ende, “segunda formación”, ya que la primera debe comenzar en el hogar, en ese lecho sagrado que marca nuestros primeros inicios. Sabemos lo que somos, de donde venimos. Cuando llegamos a la escuela, se nos orienta y se nos conduce por la vía de la rectitud, por la del “deber ser”. Comprendemos entonces que la escuela es el universo donde alumnos y maestros coinciden en una sola realidad: la educación, la formación o continuidad de valores.
Si bien es cierto que la escuela venezolana ha sufrido varios impactos tratando de sobrevivir al marcado deterioro en el que cayeron no-solo sus estructuras, sino también sus métodos de formación, de acción pedagógica. También es una realidad que para lograr la salida de esta condición en la que aún se encuentran muchas escuelas de nuestro país, en especial aquellas en zonas de bajos recursos, necesitamos, no sólo de gobiernos que renueven las paredes y que nos donen nuevos equipos, ò, para ir mas allá, de universidades que formen docentes con verdadera vocación de servicio. , No, lo que necesitamos con urgencia es una nueva “conciencia educativa”, en la que cada uno de los ciudadanos venezolanos tomemos parte. Donde se pueda a través del ejemplo y no de tanta palabrería escrutadora, conducir, en forma efectiva, la formación de nuevos ciudadanos.
De allí parte la razón de ser de la Nueva Escuela, esa escuela valga la redundancia, donde no se desvirtúe ese concepto de lo que es para un niño la educación, que es simbolizada a través de las edificaciones utilizadas para tal fin. Donde el aprendizaje se construya para el niño y para el maestro partiendo de cada necesidad social o afectiva. Una escuela donde la formación del niño parte de su integridad como ser humano, y donde su evaluación no supone un 03 en matemáticas, o un 20 en ciencias sociales, sino que mas bien, implica un estudio global por parte del maestro de todo su desenvolvimiento, y para tal objetivo se requiera de una observación más detallada de sus habilidades y destrezas. Una escuela donde la preparación implique el desarrollo de habilidades especiales como los son el canto, el baile, el manejo de instrumentos musicales, la educación artístico-plástica y el deporte. Una escuela donde aparte del maestro de aula, se cuente con especialistas para la orientación de la conducta y dificultades especiales. Donde el hábito de la lectura se estimule sin ningún tipo de rigidez y además se cuente con los recursos necesarios, como las Bibliotecas de Aula y Bibliotecas Escolares. Una escuela donde la alimentación balanceada forme parte integral de la formación del individuo. Parece un sueño, pero es una realidad. Esa es la esencia de la Escuela Bolivariana, una bandera que ha venido siendo victima de cuestionamientos a causa de la incredulidad que como seres humanos nos caracteriza, pero que sin embargo no ha marchado sola, y sigue al mismo compás con el que se inició y sin decaimientos.
Pero volvamos al principio, para retomar entonces que la educación de nuestros niños es un problema de todos y cada uno de los venezolanos, de allí lo importante de nuestra participación en el trabajo que cada escuela realice. Sintámonos invitados a mirar hacia adentro de ellas, no para salir a vociferar según nuestra bandera política, lo bueno o lo malo del funcionamiento de las mismas, sino para asegurarnos que es la mejor formación la que se está impartiendo, o de ser contrario, como podemos ayudarlos. Es un compromiso de todos, nuestros niños están siendo victimas constantes de ataques a los valores sociales, espirituales y emocionales. Encontrarse rodeados de tanta libertad de comunicación les está socavando los principios que puedan estar recibiendo en los hogares. Si la calidad educativa es mala, la capacidad de desarrollo personal para nuestros futuros ciudadanos no puede ser mejor. Que penoso darse cuenta, que aun existiendo leyes para protegerlos de los abusos, queda muchísimo camino por recorrer para lograr concienciar a aquellos que miran a las escuelas como centros para la manutención y cuidado.
Es una responsabilidad de todos, somos todos los involucrados en el proceso de formación de nuestros niños. Si queremos un país de gente creativa, proactiva y productiva, tenemos que comenzar desde ya para lograrlo. Unirnos, todos y cada uno de los involucrados y llamados a este proceso: padres o representantes, maestros, personal administrativo, obreros educacionales, comunidades, medios de comunicación, empresarios, universidades y toda la red social que conforma nuestra ciudadanía, para así lograr el maravilloso sueño de nuestro Libertador Simón Bolívar: Refundar la Patria.


Profesora Nallibir Rivero.