NOTRE VOYAGE.................................!

Para Monique y Claudine Jacquet venir a Venezuela era toda una aventura, ambas hermanas de nacionalidad francesa, se encontraron en Montreal y decidieron venir a Venezuela. Conocían de Puerto Cabello y Patanemo a través de la www.guiapuertocabello.com y venían preparadas a escapar aquí, del helado clima invernal de Canadá.
Los comentarios adversos que escucharon de Venezuela no lograron hacerlas cambiar su propósito. Y como premio, su aventura en esta zona les brindó la oportunidad de conocer de cerca las bondades de Venezuela y su gente, además de los encantos de Puerto Cabello y sus alrededores.
De vuelta en Canadá Monique Jacquet, nos envía su correspondencia la cual publicamos para conocer las impresiones de estas dos turistas internacionales que vivieron y disfrutaron de Venezuela.
Texto y Fotos: Monique Jacquet. Traducción: Rodolfo Martínez.
Monique y Claudine Jacquet.

Yo debo comenzar por comentar acerca de la Venezuela que nos habían descrito, nos habían dicho que este era un país sumamente peligroso, incluso esa información la recibió mi hermana desde un sitio de la internet del gobierno francés, donde advierten a los ciudadanos franceses tomar máximas precauciones al venir a este país. Especialmente en el aeropuerto de Caracas. De donde se nos había advertido no tomar ningún taxi, especialmente los negros, con vidrios ahumados, que se estacionan frente a la salida del Terminal del Aeropuerto ya que estos son sospechosos de realizar secuestros a los turistas, según afirmaban las informaciones que nos habían dado. Seguramente nosotras estábamos un poco nerviosas al llegar a ese aeropuerto, el esposo de mi hermana Claudine casi le prohíbe venir a Venezuela al saber toda esa información negativa, sin embargo seguimos adelante, por un momento cundió el pánico porque la maleta de Claudine se extravió por pocos momentos, pero la encontramos fácilmente, en realidad sucedió que otra persona la había pasado por debajo del torniquete. Pero la vimos y apareció. Luego del incidente, un hombre se acercó a nosotras y nos preguntó si necesitábamos ayuda, le dijimos que si y el nos llevó a la Oficina de Cambio y en seguida nos indicó la forma de cómo tomar un autobús hasta el terminal La Bandera en Caracas, ya que nuestro destino era Puerto Cabello. Y el principio sucedió así, fácilmente, mucha gentileza de parte del caballero y sin pedir dinero a cambio, contrariamente a lo que nos había ocurrido con la gente en Cuba, donde todos nos pedían dinero por todo.
Luego que tomamos el autobús hacia Caracas, los encantos volvieron a aparecer, en medio del terrible embotellamiento del tráfico hacia y en la capital, encontramos que la señora que se sentó en frente de nosotras tuvo la gentileza de ofrecernos un delicioso café caliente, ese nos pareció un detalle de mucha importancia estando en medio de todo aquel bullicio. Finalmente, llegamos a La Bandera, un lugar muy impresionante, lleno de gente, en las rampas al subir algunos se lanzaban encima de nosotras, incluso querían tomar nuestras maletas, nosotras nerviosas recordábamos las recomendaciones y mi hermana Claudine les decía que no queríamos ayuda, yo le dije a Claudine, " camina como si tu supieras hacia donde te diriges así nos dejarán tranquilas", luego de llegar al sitio adecuado pudimos tomar el autobús para Valencia, que nos pareció muy cómodo y nos llevaba finalmente a continuar nuestra aventura. el autobús era demasiado frío debido al aire acondicionado y yo pensando que al fin había llegado al trópico había dejado mi abrigo dentro de las maletas que estaban en otro compartimiento. Luego de dos horas y media de viaje llegamos al terminal de autobuses de Valencia, también un sitio un poco extraño, parecido a La Bandera solo que eran ya las 11:30 de la noche y al llegar allí no encontramos a nuestros amigos de la posada a la que nos dirigíamos en Patanemo, tuvimos que salir a buscar un teléfono y de nuevo los hombres gritaban cosas y se avalanzaban sobre nosotras para tomar nuestras maletas y llevarnos a un taxi, justo en ese momento vimos a un joven sentado con una mesa llena de por lo menos 10 teléfonos portátiles, el nos fue muy útil porque habló con los amigos de la posada quienes le explicaron que iban en camino pero que no habían llegado porque se encontraban en medio de un embotellamiento, el joven gentilmente se comprometió con los amigos a hacerse cargo de nosotras, en realidad fue tan amable que nos pareció un verdadero ángel que llegó a acompañarnos, solo lamento no haber podido despedirme de él cuando regresamos. En fín, los amigos de la posada llegaron y ciertamente fue una gran alegría para todos.
Era de noche y no podíamos ver el paisaje tampoco mucho de la ciudad de Puerto Cabello, pero los amigos nos invitaron a comer en un pequeño restaurante llamado El Coquito, donde tuvimos el gusto de comer la primera especialidad criolla del país, la exquisita arepa rellena con queso blanco, delicioo, una vez mas, los encantos de este país volvieron a surgir a nuestra llegada.


Es maravillosa esa sensación como si conocieras a todas las personas y al cabo de pocos días te sintieras integrada con ellos, yo continúo ahora de vuelta en Canadá bajo los encantos de vuestro bello país y de sus habitantes. Los Caneyes nos pareció maravilloso, un sitio pequeño pero pintoresco, exactamente lo que buscábamos, hoy no puedo olvidar el sol, el mar, las flores, las frutas, el pescado, las ostras que nos llevó hasta la playa Tomás, el restaurante de Iris, y el mágico nido de paz en La Fortaleza, sin olvidar a los perros y aves que habitan allí.


Toda la gente nos pareció muy amable, Iginia con sus dulces y las vecinas de La Fortaleza. La seguridad y el servicio de Wilfredo en la playa. Sigo muy impresionada y quiero expresar además todos los prodigios del dispensario médico en Patanemo al cual tuvimos que ir ya que estando en la laguna Bocaina, por cierto un lugar muy especial, me corté un pié con una piedra y ameritó tres puntos de sutura, necesitaba de una vacuna contra el tétano y todo estaba allí, me lo aplicaron, rápidamente y todos nos atendieron con muchísima amabilidad y rapidez, Claudine y el amigo de la posada salieron porque no querían ver la sutura pero las enfermeras y el doctor eran tan amables que me hicieron sentir tranquila y llena de confianza. Yo les ofrecí pagar por la intervención pero ellos me dijeron que todo era gratuito. Maravilloso. Ya de vuelta en Canadá me apliqué la segunda inyección contra el tétano y los médicos que me vieron aquí me confirmaron que me habían realizado una perfecta sutura. En verdad los recuerdo con mucho cariño, Gracias a todos.


Recuerdo a la dentista que me asistió en Puerto Cabello, la Dra. Xiomara Arteaga, quien me re-colocó una corona que tuvo la ingeniosa idea de caerse en el viaje, la simpatía de esa doctora y la forma tan profesional como me atendió me dio confianza y mucha alegría, luego los niños en la escuela de danza, con una profesora llena de vida, en verdad todas las personas que conocimos fueron maravillosas.
El vuestro es un lindo país, lleno de encantos naturales, se han convertido en sitios inolvidables para mí y para mi hermana
Yo estoy muy contenta de haber escogido a Puerto Cabello como destino para nuestras vacaciones, el mar, el sol, son recuerdos inolvidables para alguien que viene de Canadá.
Es muy bonita la zona colonial que está recientemente recuperada, y hemos comido allí un pescado delicioso, la única cosa crítica que podría decir es que es muy difícil cambiar el dinero.
La gente toda fue muy amable con nosotros y eso es lo mas importante, la gente de Los Caneyes nos hicieron sentir como unas reinas, pudimos ver el trabajo que el gobierno ha venido haciendo por esa población.
Yo me siento desolada al ver que ese bello país es tan mal considerado por la prensa de los países del norte. Es demasiado injusto con Venezuela.