FRAGMENTO DEL ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA

" Nosotros pues, a nombre y con la voluntad y la autoridad del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solmnemente al mundo que sus provincias unidas son, y de hecho y de deben ser desde hoy, de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes".

Sólo un clérigo el Padre Vicente Maya quien era diputado de La Grita dejó de firmar el acta redactada por Juán Germán Roscio y Francisco Isnardi y que fue firmada por todos los demás representantes cuyas firman fueron colocadas hasta el día 18 de agosto.
Fue en la fecha memorable del 5 de Julio de 1811 cuando el Congreso declara solemnemente y en el "nombre de Dios Todopoderoso la Independencia de Venezuela.
La existencia de un triunvirato que representaba al Poder Ejecutivo en las personas de Juan de Escalano, Baltasar Padrón y Cristobal de Mendoza, lanzaron La Proclama de Caracas, ratificando esta magna decisión que habia proclamado el poder legislativa como procedente y auténtica. Todos los poderes consideraron que la Patria en verdad se hacía libre


- Nace el Libertador de América.

Fu en la ciudad de Caracas donde oficialmente se conoce sucedió el nacimiento de Simon Bolívar, venezolano de nacimiento que dió su vida y toda su fortuna por la entrega de la libertad y la independencia a los pueblos originarios de cinco países de américa del Sur.
Las innumerables proezas del Libertador Simónb Bolívar son ejemplo de virtud y grandeza para el pueblo venezolano que sigue sus pason en la conservación de la libertad por la que vivió y murió el niño Simón junto a personajes épicos, paridos por esta tierra: Sucre, Miranda, y otros venezolanos que cambiaron y siguen cambiando el rumbo del mundo.


JURAMENTO EN EL MONTE SACRO.

 

Conque éste es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano? Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios; Bruto clava el puñal en el corazón de su protector para reemplazar la tiranía de César con la suya propia; Antonio renuncia los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz; sin proyectos de reforma, Sila degüella a sus compatriotas, y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza. Por un Cincinato hubo cien Caracallas, por un Trajano cien Calígulas y por un Vespasiano cien Claudios.
Este pueblo ha dado para todo; severidad para los viejos tiempos; austeridad para la República; depravación para los Emperadores; catacumbas para los cristianos; valor para conquistar el mundo entero; ambición para convertir todos los Estados de la tierra en arrabales tributarios; mujeres para hacer pasar las ruedas sacrílegas de su carruaje sobre el tronco destrozado de sus padres; oradores para conmover, como Cicerón; poetas para seducir con su canto, como Virgilio; satíricos, como Juvenal y Lucrecio; filósofos débiles, como Séneca; y ciudadanos enteros, como Catón.
Este pueblo ha dado para todo, menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada.
La civilización que ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus fases, han hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo.
¡Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor, y juro por mi Patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!

 

5 de Julio de 1811

El Libertador Simòn Bolívar.

Batalla de Boyacá.

Juramento en el Monte Sacro.

 

Simón Bolívar