Un cambio de actitud

Los abusos cometidos por los españoles que se quedaron en el fuerte de La Navidad, esencialmente contra las mujeres, hicieron que Anacaona dejara de admirarles y entregársele como mujer y comenzó a verlos como una amenaza a combatir.
Entonces convenció a su esposo Canoabo para que los exterminase y este así lo hizo matando a los treinta y nueve españoles que dejo Colón, quien a su regreso encontró el fuerte destruido y a sus moradores asesinados, así se dio inicio a la primera guerra formal contra el invasor español. El cacique Canoabo, después de haber luchado valiente y repetidas veces contra el enemigo, cayó prisionero y mientras lo trasladaban a España, murió lejos de su tierra. Anacaona, nunca trató de vengar la muerte de su esposo.

Los encuentros con los españoles
Tras la muerte de su esposo, Anacaona se fue a las tierras de su hermano Behechio a fin de consolidar su poder, ya que muchísimos indígenas empezaron a morir víctimas de las largas jornadas de trabajo o sencillamente de desnutrición.
Al principio ella consideraba a los españoles como seres sobrenaturales y no dejaba de comprender cuán absurdo e impolítico era pretender resistirles. Cuando Bartolomé Colón hermano de Cristóbal penetró en las tierras de Behechio, la princesa salió a su encuentro en una litera que llevaban seis indios. No cubría su desnudez más que un delantal de algodón de varios colores, que bajaba hasta la mitad del muslo. Ceñía sus sienes con una guirnalda de flores encarnadas y blancas, luciendo brazaletes y un collar de las mismas flores.
Los españoles estuvieron dos días en medio de festejos con que eran agasajados, al cabo de este tiempo, cuando había nacido alguna confianza entre Bartolomé Colón, el cacique Behechio y su hermana Anacaona, Bartolomé Colón les dijo que el verdadero objeto de su visita era establecer el protectorado de España sobre aquella región y después de una breve discusión logró que el cacique aceptase.
Al año siguiente volvió Bartolomé Colón a la provincia de los Jaragua para cobrar el tributo acordado desde el año anterior y fue tan bien acogido como en la primera visita, tanto por Behechio como por Anacaona.

Peleas por el amor de Higuamota
Hacia el año 1500, llegó a la isla y después a Jaragua un español de distinguida familia llamado Hernando de Guevara, quien se enamoró apasionadamente de Higuamota, la hija de Anacaona y Canoabo. La joven respondió a la pasión de aquel extranjero. Entonces Hernando de Guevara pidió en matrimonio a la joven indígena, Anacaona avaló y protegió estos amores, juzgando que un caballero de tan noble presencia y escogidos modales, podría hacer feliz a su hija.
Por desgracia para los amantes, el conquistador Roldán que por ese tiempo se hallaba en Jaragua también se enamoró de Higuamota y dispuso que Guevara saliese de la provincia. Hernando de Guevara se resistió a irse y se quedo viviendo en la casa de Anacaona e incluso estaba buscando a un sacerdote para que bautizase a su amada para casarse con ella, pero Roldan se enteró y lo hizo venir a su presencia, repitiéndole las ordenes de abandonar Jaragua, sin hacer caso al joven que suplicaba por el amor de Higuamota, pero el insensible Roldan lo envió por tres días para Cahay.
Tras este breve plazo Hernando de Guevara volvió junto a su adorada y después de varias discusiones con Roldan e irritado por los obstáculos que le ponía a su amor con la princesa, comenzó a conspirar en su contra. Al Roldan descubrir la conjuración, lo apresó a la vista de Higuamota y lo envió prisionero a Santo Domingo, donde era reclamado por el almirante Cristóbal Colón.

Las injusticias de los conquistadores
Para el año de 1503, ya reinaba Anacaona en Jaragua, por el fallecimiento de su hermano Behechio. La princesa ya no tenía hacia los españoles las simpatías de otros tiempos, pues comprobó que los extranjeros habían causado la miseria a su pueblo y lo depravaban extremadamente. Los tristes amores de su hija Higuamota con Hernando de Guevara, la habían afligido mucho y el tiránico gobierno de Bobadilla y Ovando, convirtieron el afecto de los primeros tiempos en profundo odio hacia los invasores.
Por otra parte, los españoles de las inmediaciones, que eran los antiguos partidarios de Roldán, continuaban en sus lascivas costumbres de los primeros días, oprimiendo continuamente a los caciques subalternos de Anacaona. Como los indios de Jaragua eran los más cultos, inteligentes y pacíficos de la isla, comprendían más que los otros las exigencias a que estaban sometidos, sin obtener nunca justicia a sus demandas, ya que sus más ligeras exigencias eran consideradas como peligrosos motines y la negativa a cualquiera de las injustas pretensiones de los españoles era interpretada como resistencia a la autoridad de España.

(Esta historia continuará)

 

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Anacaona y la raza cautiva

Por: Nelson Vielma
1a. Parte.

 

En octubre de 1492, llego la expedición española que capitaneaba el judío/genovés Cristóbal Colón a la isla Guanahani en el archipiélago de las Bahamas. Colón utilizando las leyes de conquista tomo posesion de esta isla a nombre de España y la rebautizó con el nombre de San Salvador. En diciembre de ese mismo año, estos expedicionarios recorrieron varias islas del archipiélago y tambien se trasladaron al mar Caribe, arribando a las islas de Cuba y Haití, que la denominaron con el nombre de "La Española" y como allí les naufragó la nao capitana, decidieron con sus restos construir una fuerte al que llamaron de "La Navidad". De esta manera se constituyo el primer asentamiento español en América y he aquí su triste historia.
El gran momento de la historia
Para los nativos de la isla, la llegada de seres extraños les generó momentos de plena tensión y angustia. Para ellos fue muy impactante el dominio cultural que se imponia con una fuerza nunca antes conocida, poderosa y cruelmente agresiva, de seres mitad hombres y mitad bestias, cubiertos de metal y dueños de un trueno destructor. Todo lo que estaba ocurriendo estaba fuera de su capacidad de comprensión.
De princesa a cacica de los Jaragua
En ese momento cuando la historia de la humanidad estaba viviendo unos de sus momentos más transcendentes, una mujer tuvo el mérito suficiente de dejar su huella indeleble, a través de los siglos en la memoria de la humanidad. Ella transcendió en el tiempo para llegar hasta nosotros y se le conocio como la princesa Anacaona. Hermana de Bahechio, el gran cacique de los Jaragua y reforzada su real estirpe al ser la esposa del cacique Canoabo. Su nombre Anacaona, significaba en la lengua de los taínos "Flor de oro".
Anacaona fue una mujer de singular belleza. Sus coterráneos la adoraban y aun cuando su hermano estaba vivo y era el cacique, Anacaona ejercía sobre la tribu un extraño dominio.
A ella se le tenía como la mujer más hermosa de la isla, era la más deseada y la más admirada.
El cacique Caribe
Anacaona, fue requerida por el temido cacique de la raza
cariña Canoabó, quien asumió el cacicazgo de Maguana, en el interior de la isla. La princesa fue seducida por el valor y la clebre sapiencia de Canoabo, naciendo de su unión la princesa Igüemota. Canoabo fue enemigo mortal de los españoles, atacó a Colón cuando trato de abastecerse y después incitado por Anacaona, atacó por la noche el fuerte de La Navidad, destruyéndolo y asesinando a los treinta y nueve españoles, también atacó la fortaleza de Santo Tomás, pero fue derrotado por Alonso de Ojeda, quien lo capturó y entregó a Cristóbal Colón, este determinó que no podía condenarlo a muerte, porque era uno de los cinco caciques principales de la isla y resolvió enviarlo a España muriendo Canoabo en el viaje. Con la muerte de su marido, Anacaona heredó el Cacicazgo Maguana e intentó persuadir a los caciques para que cesaran los ataques y entablaran la paz con los españoles. Luego, al morir su hermano Bahechio, heredó su Cacicazgo en Jaragua, alcanzado así el poder total en la isla.
La poeta Anacaona
La princesa se distinguió por su belleza, su inteligencia y su talento para la poesía, las cuales memorizaba para recitarlas en los areitos (Bailes y cantos históricos tradicionales) ante los otros aborígenes.
Los historiadores contemporáneos alababan en ella su dignidad, carácter e incomparables gracias. Nuestra biografiada quien cultivó con acierto la poesía, fue autora de muchos de los areitos, que los tainos cantaban en sus danzas populares. La fama de su belleza la aclamaban indígenas y españoles por toda la isla.
Nuestras libertinas aborígenes
Con la gran excepción de las indias caribes de Santa Marta, la actitud de la mayoría de nuestras indígenas fue de entregarse al apareamiento con los españoles. Muchas fueron las cacicas e hijas de caciques que abandonaron a sus esposos, entregándose abiertamente y de buena gana a los conquistadores, a quienes ayudaban a esclavizar a sus propios pueblos. Los ejemplos de esta práctica son muchísimos. Nuestra historia describe con tristeza, como la cacica Isabel, entrego su país a las tropas de Diego Colón, para que su concubino Miguel Díaz, no sintiese nostalgia de sus compatriotas y de esta manera se fundó Santo Domingo. Las hijas y hermanas de Moctezuma, de Huascar y de Atahualpa, se unieron de muy buen grado a los españoles. En Venezuela, la cacica Isabel y su hijo Francisco Fajardo, se identificaron tanto con el español que se quisieron tomar el valle de los Caracas para España. Si la india no hubiese recibido con tanto beneplácito a los conquistadores y no los hubiesen ayudado a destruir a sus hermanos de raza, probablemente la conquista de América no se hubiese realizado con tanto éxito o se hubiesen indigenizado a los españoles. Los cronistas de la época explican esta aptitud de nuestras indias hacia los españoles, por sus conocimientos en las artes amatorias y por el carácter ardiente que ellas tenían.
La desenfrenada Anacaona
Anacaona, no era diferente a las mujeres de su raza, ella se entregaba ardientemente a los españoles que la cortejaban. A la llegada a la isla de la expedición de Cristóbal Colón, Anacaona se distinguió por su curiosidad y gran admiración por los españoles, veía en aquellos hombres notables avances y conocimientos. Según el cronista Herrera, la cacica era: "Muy deshonesta en el acto venéreo con los cristianos y por esto y por otras cosas semejantes quedo reputada y tenida por la mas disoluta de las mujeres que de su manera hubo en esta isla". Se necesitarían graves y repetidas ofensas para que la ardiente Anacaona cambiase sus sentimientos hacia los españoles.