MENTIRAS DE LA HISTORIA.

Por: Asdrúbal González. ( Cronista de Puerto Cabello )

 

 

GUAIGUAZA NO ES GOAIGOAZA.

También las palabras pueden ser objeto de mentiras históricas.
Sucedió en el tiempo que desde la Amazonía, en el corazón del Continente, pueblos de raza Caribe se desplazaron en oleadas sucesivas hacia la zona que hoy ocupa nuestra Venezuela y el mar que la circunda. Grandes navegantes, a través de ríos continentales salieron a la mar que hoy nominan, poblando islas hasta más allá de las grandes Antillas.
Las huellas de sus pasos quedaron en las piedras grabadas y en un radical "UA" de palabras usadas para nominar lugares, frutos, árboles, personalidades. No es cuestión de un decir: dos sabios continentales, el venezolano Lisandro Alvarado y el cubano Antonio Núñez Jiménez ( quien nos honrara con su amistad ) estudiaron el "UA" como diferencial de los pueblos Caribe. El primero de los nombrados convivió con el resto de tribus caribeñas de la región oriental del país; y el segundo navegó en canoa desde el Perú por el Amazonas y el Orinoco, hasta salir al Atlántico y navegar después hasta
el archipiélago donde Cristobal Colón concluyera su primer viaje en el mes de Octubre del año mil cuatrocientos noventa y dos. Quedó así determinada la presencia Caribe en muchas manifestaciones venezolanas. Digamos por ejemplo un lugar: Guacara; un fruto: aguacate; un árbol: araguaney; un personaje: el cacique Naguanagua. Debe regresarse el topónimo Guaiguaza a su esencia de verdad. El momento actual es propicio; hay un interés manifiesto por reivindicar las etnias aborígenes, conservar sus culturas, sus lenguas, sus costumbres. Por primera vez en la historia oficial están representadas en el Parlamento. Es tiempo de rescatar y conservar lo que quedó del etnocidio. En la región porteña tres topónimos recuerdan lo caribeño: BORBURUATA, que con el tiempo perdió la "U"; PITIGUAO, en la bajada del Portachuelo al valle de San Esteban; y este que ahora nos ocupa, desde el Siglo XVI nombre de una zona y un poblado. GUAIGUAZA y no Goaigoaza. Recuperar para el nombre radical "UA", y sentirnos orgullosos de haber sido caribes.
TOCAR TAMBOR NO ESTABA PERMITIDO.
A veces las mentiras se fundamentan sobre creencias, especialmente si se relacionan con el pasado. La vida de los esclavos negros se ha querido representar como una situación idílica, donde la obligación de trabajar era lo diferente. Ha contribuido en mucho la cinematografía, que presenta las fiestas de esclavos como algo cotidiano, donde se hacían vibrar los cuerpos interminablemente.
Para la mejor comprensión del tema tratado, podemos preguntarnos: ¿qué era un esclavo y qué significado tenía en la estructura productiva de las haciendas interioranas? Y decimos; un medio y a la vez, instrumento de producción. No era persona sino cosa, carente de derechos y sujetos a deberes. En el régimen de producción esclavista tenía el significado y valor de una simple propiedad, comparable o vendible como cualquier otro instrumento; un arado, una bestia de carga o de silla.
El cúmulo de prohibiciones que hoy pudieran parecer absurdas, eran sin embargo comunes en la estructura de la sociedad colonial. Las Leyes de Indias prohibían a los esclavos poseer bienes de fortuna; disposiciones menores no les aceptaban tener " espada, ni puñal, ni daga". A los agricultores solo se les permitía el uso de un "cuchillo de un palmo sin punta", y si era peón vaquero, una pequeña lanza para dejarretar ganado. En el funcionamiento obreríl de los trapiches, existía la prohibición de mezclar indios con negros. Solo podían casarse entre ellos mismos, y los hijos nacían esclavos.
Se les vetaba montar a caballo. Incluidos junto a los indios, mulatos, negros libres y zambos, entre las "castas inferiores", les era vedado andar de noche por las calles. No podían pasar de una hacienda a otra, y mucho menos pernoctar fuera de su hábitat. Se les impuso en santo blanco (San Juan) y se les prohibía tocar tambor. Apreciaban los amos del tam-tam de los cueros como una música ritual en la adoración de deidades africanas. Se pensaba que podía usarse también como un correo sonoro ( a semejanza de los de la tribu Bandar, en la comiquita de El Fantasma), para comunicar las rebeldías. Era el tambor un elemento subversivo, demasiado peligroso. Y así quedó por mucho tiempo. En algún periódico del año 1831 gobernaba el general José Antonio Páez), se señalaba como vagos a los tocadores de tambor, y en consecuencia, se les perseguía. Hasta en el año 1945 (gobernaba el general Isaías Medina Angarita), para realizar una fiesta de tambor, en el barrio Rancho Chico de Puerto Cabello, debía solicitarse licencia o autorización o la primera autoridad civil.
El mundo del tambor durante el período colonial hispano, tuvo su ámbito entre los esclavos fugados o cimarrones. Pero en los cumbes o palenques o cimarroneras debía trabajarse duro para sobrevivir; y permanecer siempre alertas para defender la vida ante el ataque armado de los esclavistas; situaciones éstas poco propicias para tocar tambor. Las mentiras y verdades deben colocarse cada una en sus lugares, para así contribuir a conocer mejor el pasado.

 

BOLIVAR NO MALDIJO LA URBE.
Simón Bolívar estuvo en Puerto Cabello en dos oportunidades: la primera de ellas, entre el 4 de Mayo y el 5 de Julio de 1812, cuando se desempeñó Comandante Político y Militar de la plaza. Ostentaba entonces el grado de Coronel, y tenía veintiocho años cumplidos. La principal plaza fuerte de la República en armas se perdió entre sus manos. El alzamiento de las guarniciones del castillo San Felipe y de la Vigía Baja en el mediodía del 30 de Junio, lo llevaron al abandono de la ciudad cinco días después. Combatió con porfía el joven Coronel. Puerto Cabello se grabará entonces en su memoria con un sello de fuego, La Relación, que remite a su jefe, el Generalísimo Francisco de Miranda algunos días después, marca el ritmo de los acontecimientos con una precisión desoladora; el 2 de julio habían desaparecido todos los habitantes de la ciudad; el día 4 solo quedaban para la defensa ciento cuarenta y un efectivos; el día 5 de Julio; ¡cuarenta soldados! Vendrán después años de ausencia pero no de olvido, de este ámbito de fuego donde sufrió su primera derrota militar. Operará en su ánimo, en su conciencia, lo que hemos dado en denominar "Argumento Puerto Cabello". Ante el avance del caudillo realista José Tomas Boves (Febrero de 1814) sobre Caracas, ordena el ajusticiamiento de más de mil prisioneros españoles de las bóvedas de La Guaira. ¿La justificación del más horrendo asesinato colectivo de la Guerra a Muerte?, la pérdida de Puerto Cabello, por no haber fusilado oportunamente los prisioneros que luego tomarían las fortalezas por la traición del teniente Francisco Fernández Vinoni. Así lo diría al mundo en una Manifiesto bilingüe publicado en 24 de Febrero de 1814. Así lo repetiría muchas veces; ¿Qué debía yo hacer sin guarnición en La Guaira y con cerca de 1000 españoles en las bóvedas y castillos? ¿Esperaría yo la misma suerte infausta del Castillo de Puerto Cabello, que destruyó a mi patria y me quito el honor?
A Puerto Cabello regresaría por última vez entre el 25 de Diciembre de 1826 y el día 4 del Enero siguiente. En circunstancias siempre difíciles, firmaría aquí el decreto que amnistiaba a José Antonio Páez y sus cosiateros. Su proclama del 3 de Enero refleja angustia, indica decepciones. La lenidad era el comienzo del fin de Colombia. Puerto Cabello regresaba su sentir con signo lacerante.
(Quien esto escribe ha leído varias veces las más de cuatro mil cartas, decretos y proclamas, y otros escritos del Libertador. En ningún lugar se encuentra una frase despectiva contra Puerto Cabello. Pensamos, por el contrario, que la ciudad que signara su vida, debió ser recordada con respeto. Tampoco nunca la alabó, como si hiciera muchas veces con su Caracas natal).
Concluimos esta crónica con lo escrito por Simón Bolívar a José Antonio Páez el 23 de Diciembre de 1826 frases no exentas de admiración: "Puerto Cabello es un gran monumento de su gloria. ¡Ojalá que allí se alce tanto, que pase la mía!

 

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