La Guipuzcoana y su corrupción

 

 

Las embarcaciones de la Real Compañía Guipuzcoana, fueron utilizadas para contrabandear el cacao venezolano tan descaradamente que algunas llegaron a naufragar por el excesivo peso en sus bodegas.
Fue así como los zurrones (envase para llevar el fruto) representaron para los marineros la posibilidad de acceder a una relativa fortuna y de esta manera se inauguró en Venezuela la nefasta práctica de robar al Estado.
El cacao venezolano era extremadamente apetecido en Europa, lo que elevaba sus precios, ya que no tenía la amargura característica de los demás cacaos tropicales y su consistencia y sabor lo calificaban como el más agradable para los paladares del Viejo Mundo.

La gran sorpresa


En 1.762, dos navíos de la Compañía Guipuzcoana: el “San Ignacio de Loyola” y el “San José”, salieron de La Guaira a España repletos de cacao y llegando a la costa asturiana fueron atacados por tres buques de guerra ingleses.
Luego de un cruento combate de seis horas intentaron recalar en los puertos de Pravia y Avilés. Una de las embarcaciones estaba tan sobrecargada, que varó y quedó ladeada sobre el fondo de la rada. El casco no tardó mucho tiempo en romperse por el costado expuesto a la vista de todos y por el enorme hueco empezaron a salir flotando decenas de zurrones de cacao.
El intendente (máxima autoridad marítima) se hizo presente y pudo constatar que del barco salían más de 300 zurrones de cacao no registrados en el manifiesto de carga, equivalentes a casi 20 toneladas. Tanto cacao fue arrojado al mar que durante varios días los pobladores costeros lo recogían a diez kilómetros del naufragio, antes de que los agentes de la Corona llegasen. Tan descarado fue el contrabando conducido en este buque que el intendente declaró que la mercancía ilegal atiborrada en su bodega fue el motivo del desastre.

Corruptela tradicional


El percance de la nave vasca no era una extrañeza, los abusos de este tipo formaban parte de una tradición en el transporte marítimo establecido por el imperio español para explotar y controlar sus colonias americanas.
Tantos eran los tesoros en metales preciosos y todo tipo de mercaderías que muchos de los buques transitaban el océano en precarias condiciones de navegación por los enormes volúmenes de contrabando.
Los tripulantes de los mercantes guipuzcoanos, utilizaban el cacao para enriquecerse a costa de la propia Compañía y del Tesoro Real, estibando cantidades peligrosas de mercancía en las trajinadas fragatas. Al llegar a la costa española, su venta les reportaba ganancias millonarias con la complicidad de los agentes portuarios y marineros que se esforzaban por engrosar las tripulaciones de la empresa vasca.

La corrupción del cacao


Las fortunas acumuladas por el cacao disparaba los sueños del más común de los paisanos y en el medio mercantil cualquier personaje construía sus ilusiones económicas sobre el olor del chocolate servido en una incitante jícara de madera pagada a muy buen precio.
Hay noticias de una reiterada costumbre de los capitanes guipuzcoanos al llegar a Veracruz, donde dejaban embodegadas grandes partidas de cacao sin descargarlas a los muelles, para crear una momentánea escasez y así subir los precios.
Con el paso de los años, el aumento de los precios del cacao potenció las ambiciones de la marinería vasca, al extremo de que se incrementaron también los naufragios de buques agobiados por los excesos de carga ilegal.

Epilogo guipuzcoano


Ya hacia al final de sus días la Real Compañía Guipuzcoana había visto muy reducida su flota mercante y a las pocas embarcaciones todavía activas se les exigía demasiado. La última travesía del enorme navío San Miguel y Santiago, por ejemplo, con 669 toneladas de capacidad, fue un auténtico calvario, demorando más de cuatro meses de regreso a España, cuando lo usual era mes y medio o dos meses.
De hecho los peritos en Puerto Cabello lo habían examinado, encontrándole el casco tan débil que recomendaron su carena lo antes posible para no perderlo. La Compañía, no obstante, lo envió a la Península inmediatamente, con una bestial sobrecarga de 149 toneladas. Luego de descargarlo lo desguazaron inmisericordemente para salvarlo de un deshonroso naufragio mar adentro.
Fue el final de una historia que se repitió durante los 55 años de la Real Compañía Guipuzcoana. Los marinos amasaron fortunas a costa de la Corona. Así inauguraron en la Venezuela colonial, la costumbre de robar al Estado y quedar con la conciencia tranquila. Primero fue con el cacao, siglo y medio después, el petróleo reforzara esta lamentable conducta venezolana.

Nelson Vielma

Regresar?