Manaure, el honor de nuestra raza

 

 

Cuando a principios del siglo XVI, llegaron los españoles a nuestras costas, existía un lugar llamado Todariquiba, al oeste de la región Curiana (Estado Falcón), en la desembocadura del río Mitare.
En esa época, todas esas tierras eran enseñoreadas por un gran líder, a quien honraban con la distinción de “Diao”, es decir, la máxima jerarquía terrena/espiritual, un vaso comunicante con sus dioses. La tradición indígena y la historia venezolana, nos lo describen como un gran sabio, hombre valeroso y prudente gobernante. Este hombre alcanzó la majestuosa posición de “Guapotori”, es decir Cacique de Caciques. Para los habitantes de los extensos territorios a su mando, era un patriarca, un líder en lo religioso y lo político. Este hombre era un gran administrador y guía de de pueblos enteros, su importancia fue tan grande que fue considerado un “Diao”.
Esta gran personalidad de nuestra cultura aborigen, era el Cacique Manaure, máximo jefe de los Caquetíos. Manaure es conocido en la historia como un gran sabio y negociador de la paz, entre los suyos y con el conquistador. Este Cacique llevo la prosperidad a los pueblos que gobernaba. A diferencia de los Caciques Caribes, Manaure no sufrió penurias, ni se le hicieron pruebas para ser designado Cacique, lo que implica que su entronización se debió más a su sapiencia e importancia. Manaure, gobernaba a una nación que tenía como principio servir a su jefe, brindándole toda clase de comodidades. En los recorridos por sus extensos territorios, el gran Cacique Caquetío era transportado en hamaca o en andas, cargado por sus súbditos.
El liderazgo de este Guapotori fue extraordinario, el mismo se puede evaluar por las grandes extensiones de territorios que ocuparon los Caquetíos, que prácticamente son los mismos territorios que ocupan actualmente los estados Falcón, Zulia, Yaracuy, parte de las costas carabobeñas e inclusive las islas de Aruba, Curazao y Bonaire.

La gran nación Caquetia
El término “Tribu” era utilizado para señalar grupos que vivían en la misma área geográfica, que hablaban el mismo lenguaje, que tenían prácticas comunes de agricultura, caza, pesca, economía y que estaban regidos por un Cacique. La nación Caquetía estaba conformada por varias de estas tribus, que tenían como uno de los más importantes atributos, su carácter y personalidad. Todos se referían a ellos como “gente de más razón que en otras partes”. A diferencia de otras etnias los Caquetíos eran pacíficos, dueños de su destino y de sus tierras, siempre dedicados a la agricultura donde fueron los más sobresalientes.
No eran belicosos, en esto contrastaban con sus vecinos los Jiraharas ubicados al norte de Lara, que eran violentos y caníbales. Por otra parte, son abundantes los testimonios que destacan el hecho de que los aborígenes falconianos labraban habitualmente la tierra, obteniendo de ella el algodón, además del maíz, la yuca y las legumbres, también cosechaban el tabaco, que luego fumaban en forma de cigarrillos y que eran utilizados para predecir el futuro. Los Caquetíos y los Jiraharas, eran los grupos indígenas que ocupaban la zona de Falcón antes de los Tiempos de la Conquista. Según el Obispo Ballesteros, la comarca de la Ciudad de Coro estaba poblada por catorce o quince mil indios, los Jiraharas ocupaban las montañas al Sur de Coro, mientras que los Caquetíos eran el mejor muro de contención para los españoles contra los desmanes Jiraharas. Muchos otros Caciques Caquetíos, se distinguieron por sus actos heroicos tal es el caso del celebre Cacique Catimayacuna.
Según Federmann, los Caquetíos eran altos y de apariencia agradable, y vivían en grandes villas. Una de las características más valiosas e interesantes de estos pueblos era la presencia de la sal en la cultura. No solo la utilizaban en sus alimentos y para preservar las piezas de caza y los productos de pesca, sino que, la hacían objeto de trueque con productos de otras tribus del interior.
Los Caquetíos que vivieron de la caza y de la pesca, muy pocas veces utilizaban sus armas, a no ser en defensa o preservación de sus amplios territorios, estas armas eran conformadas por la macana, el arco y flechas no envenenadas. Sus prácticas funerales incluían la momificación, utilizada solo para hombres importantes dentro de la tribu como los Caciques o “Diaos”.

Los españoles entran en escena
En el año 1523, al saber Manaure que en Aruba se encontraba Gonzalo de Sevilla, representante del aragonés Juan de Ampies Martínez, que estaba en Santo Domingo, le envía como emisarios a los Caciques Baracuyra y Baltasar para coordinar un encuentro amistoso, estos son atendidos y bien recibidos por Sevilla, logrando de esta manera una relación de amistad y apoyo mutuo.
Esta alianza es evidenciada cuando dos años después en 1525, un grupo de piratas traficantes de esclavos asaltan la zona y toman prisioneros a más de ciento treinta indios Taques en Paraguaná, los cuales fueron llevados a Santo Domingo, para ser vendidos en el mercado de esclavos. Manaure enterado de esto, informa de este abuso a Ampies, este logra la liberación de los Taques y los regresa a Paraguaná, esta noble actitud del jefe español, motivó al agradecido Manaure a invitarlo a su región Curiana. Sin embargo su relación de amistad con los españoles se complicó con la llegada de los Welser, estos alemanes representados por Ambrosio Alfinger, irrespetaron la autoridad de los Caciques y ni siquiera consideraron a aquellos jefes que eran aliados de España.

La primera ciudad de Venezuela es producto de la diplomacia
A la región Curiana llega el Capitán Juan de Ampies Ávila, hijo de Juan de Ampies Martínez, que junto a Manaure y por delegación de su padre, el 26 de julio de 1527 día de Santa Ana, funda una ciudad con el nombre de Santa Ana de Coro. Luego de su fundación, Manaure se trasladó a vivir en esa ciudad. Al regresar a Santo Domingo Juan de Ampies hijo, su padre que se encontraba en esa isla, se traslada a la región Curiana siendo recibido con muestras de alegría y amistad por parte de Manaure, sus Caciques y sus Caquetíos, en este encuentro ambos se cruzaron palabras y muchos regalos, confirmándose así el “primer pacto diplomático entre los españoles y los nativos, en Venezuela”. Ampies se alojo en lo que los cronistas denominan la “Casa de Coro” o “Casa Fuerte” ubicada, en la desembocadura del río Mitare, en esta casa Ampies es visitado frecuentemente por Manaure y su corte de Caciques.
El día 23 de noviembre de 1528 día de San Clemente, bajo un frondoso cují se llevó a cabo la “Primera Misa” de Venezuela en el sitio ubicado en la zona colonial de Coro, una cruz de cují conocida como de San Clemente recuerda esta primigenia actividad religiosa en nuestro país. Ese día son bautizados los Caquetíos con Manaure a la cabeza, el cual recibió el nombre de Martín Martínez, Coro “Raíz de Venezuela” se ufana de ser el lugar donde se llevaron a cabo los “primeros bautizos en el país”.

Los Welseres asumen el control de Venezuela
En los años iniciales de la conquista de América por parte de la corona española, el Rey Carlos I, ante las enormes deudas que había contraído con banqueros alemanes, decidió cederles la administración y conquista de la recién fundada Provincia de Venezuela. Los Reyes españoles Fernando e Isabel tuvieron varios hijos entre ellos a Juana conocida como “La Loca” por su delicada salud mental, quien se casa con el príncipe alemán Felipe “El Hermoso”; su hijo Carlos, heredó de su padre el imperio alemán y por parte de su madre Juana a España y sus posesiones en América; este Carlos I de España y V de Alemania tenía deudas con los banqueros alemanes Antonio y Bartolomé Welser y como pago les dio la Gobernación de Venezuela el 28 de marzo de 1528. Esta capitulación incluía la explotación comercial, la dirección política y militar de la provincia venezolana, pudiendo nombrar a su antojo a gobernadores y alcaldes. Los Welser designaron a Ambrosio Alfinger al frente de trescientos soldados, los cuales llegaron a Coro el 24 de febrero de 1529, este sería el “Primer Capitán General de Venezuela”; Ampies al recibirlo le entrega la responsabilidad del mando político y militar. Pero los nuevos jefes de Venezuela no estaban de acuerdo con el buen trato que dispensaba Ampies a los Caquetíos y esta contradicción motivó que lo expulsaran a Curazao con la disposición de no regresar a Curiana. Alfinger maltrataba a los indios, violando la disposición del Papa Pablo III, que a través de la “Bula Sublimis Dei” estipulaba que “los indios son seres humanos y no pueden ser esclavizados”. Ambrosio Alfinger, también instaló en Coro en 1529 “el primer Cabildo de Venezuela” a la usanza española.

El primer desterrado de la historia venezolana
En 1533 Manaure reclamó el robo de unas canoas por parte de los alemanes, a lo que estos respondieron encarcelándolo. Hasta entonces a Manaure por el convenio con Juan de Ampies se le había respetado su señorío sobre sus tierras y sus vasallos, pero ante las vejaciones de los alemanes, optó por abandonar sus territorios con rumbo incierto. Algunos historiadores entre ellos Arcaya, sostienen que después de atravesar los llanos, se internó en la región del Meta. Parcialmente esto coincidiría con una versión transmitida por tradición oral en San Fernando de Apure, la cual refiere que Manaure terminó su peregrinaje en este lugar, donde fue recibido con muestras de amistad y gran respeto por el Cacique Biruaca, uno de los Jefes de los Achaguas, quien lo alojó en su tribu. Según esta leyenda, Manaure llegó muy enfermo, acosado por la fiebre y murió poco tiempo después a orillas de la laguna hoy llamada de San Rafael, situada al sureste de la ciudad de San Fernando, donde fue momificado y enterrado con todos los tesoros que traía consigo. Según documentos encontrados por el Hermano Nectario María en el “Archivo General de Indias”, se deduce que de Coro salió Manaure para Capatárida y que un año después, muerto el Cacique, sus súbditos regresaron a Coro.
Sin embargo, otros historiadores plantean que se dirigió a Casanare en la Nueva Granada, otros piensan que se fue hacia Cojedes, aunque algunos sostienen que el viejo Cacique se refugió con sus bravos en las tierras de Yaracuy, recibiendo protección y allí muere en un enfrentamiento con los españoles en “el sitio del Tocuyo”.
Lo que si es cierto fue que el Gran Guapotori, ante los abusos de los conquistadores prefirió desterrarse con dignidad antes que ser humillado, por eso se convierte en el primer desterrado de la historia venezolana.

La estirpe de Manaure, honra a Venezuela
Manaure era hijo de Caujarao y Benkela, esta al ser bautizada se llamaría Sara. Manaure se une con Yamara, procreando tres varones y cuatro hembras, una de ellas Judibana casada con el Cacique de Paraguaná Hurihurebo, quienes recibirían al bautizarse los nombres de Fernando y Juana. Lo cierto es que el matrimonio Hurehurebo/Judibana, estaba constituido por dos héroes de la estirpe teocrática de los Manaure, épicos, hidalgos, trabajadores y modestos. Judibana será la “Primera Heroína de Venezuela”. Cuabana la otra hija de Manaure, al ser bautizada se llamaría Inés, esta se casaría con el español Antonio Martínez Ampies, iniciando de esta manera el mestizaje en Venezuela. En la ciudad de Punto Fijo existe una urbanización que lleva el nombre de su hija Judibana.
Yaracal en el estado Yaracuy es la capital del municipio Cacique Manaure, que recuerda como legado de este hombre, que “Jamás empeñó palabra y cosa que no cumpliera”. Existe allí una plaza dedicada al Cacique Manaure, con un monumento hecho por nuestra gloria de la escultura Alejandro Colina, donde está representado con la mano tendida en el gesto simbólico de hospitalidad con el cual recibió a Juan de Ampíes.
Nelson Vielma

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