En Puerto Cabello. Con motivo del Bicentenario de la Independencia.

COMUNIDAD COLOMBIANA RINDE HOMENAJE AL LIBERTADOR.

 

- El pasado 20 de Julio, la comunidad de ciudadanos colombianos residentes en Puerto Cabello realizaron un magno evento de justo homenaje al Libertador Simón Bolívar en agradecimiento y reconocimiento a la titánica gesta que les brindó la independencia.

- El orador de orden fué el historiador colombiano Antonio Guzmán Blanco quien afirma que la verdadera fecha de esta conmemoración debe ser el 11 de Noviembre, a doscientos años del 1811, cuando Colombia logró romper todas las ataduras del imperio que en aquel entonces la oprimía. A continuación, presentamos el discurso de este notable historiador que reconoce en Simón Bolívar al verdadero libertador de Colombia.

BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA

 

 


Connacionales, amigos y amigas de Colombia,
Hoy al celebrarse los doscientos años de aquella alborada histórica en que proclamamos nuestra independencia, nos hemos congregado nuevamente bajo la égida del Padre de Colombia, en homenaje de sublime exaltación, de fe, dignidad y alegría.
Nuestra Nación, conformada por más de 50 millones de seres humanos que nos aferramos a la esperanza a través del trabajo honesto y del talento, se enfrenta al futuro con un enjambre de sueños y de ilusiones capaces de vencer todas las adversidades, de derrotar a los violentos que decidieron sembrar el caos a través del terrorismo, pero una avalancha de millones de colombianos, dentro y fuera de nuestras fronteras que si queremos la vida y la democracia, no permitimos, con nuestros votos, que nos cercaran nuestros derechos inalienables a la paz y a la concordancia nacionales. Más de 14 millones de colombianos, el pasado 20 de Mayo, demostramos con el poder de nuestros sufragios libres y a conciencia, que queremos un país en paz, sin cicatrices, que somos fervientes partidarios del arado, de la iniciativa creadora, de la actividad productiva, del libre ejercicio de la ideas y de la fraternidad entre todos los colombianos.
Así fue como dentro de Colombia  y en el exterior de nuestros Consulados se recibió la afluencia entusiasta de quienes mantenemos viva la responsabilidad hacia nuestra Patria, y el mundo pudo ver un país crecido en las dificultades y que acudió a las urnas contra todas las presiones del territorismo y del pesimismo a ratificar su fe en esa libertad republicana que nos legaron los héroes de  de la independencia cuyas causas y antecedentes podríamos someramente resumirlo en la siguiente forma:

 

El nombre de Colombia o Tierra de Colón es el mejor homenaje  que EL MUNDO ENTERO ha tributado al “Intrépido Navegante”; y fue, precisamente el más famoso viajero oriundo de este suelo un ínclito guerrero venezolano, Don Francisco de Miranda, corazón de América que trashumaba por el viejo continente, quien en sus obsesivos sueños libertarios, dio el nombre de Colombia a las Tierras descubiertas por el inmortal Almirante, pero sintiéndolas, independientes del yugo español, sin las cadenas que las ataban a una monarquía moribunda, sueño que plasmó en un periódico fundado en Londres, que llamó El Colombiano. También el tricolor de nuestra bandera, nuestro Emblema Nacional formó parte de su premonitoria concepción, inspirado en la belleza de sus mujeres, en el amor por su Patria y en la grandeza de su corazón.
Permítanme ustedes, en este inspirado día, rehuir un poco, los ordenamientos didácticos de la Historia y concebirla con una imparcial percepción crítica, sin restarle majestuosidad y belleza al origen de nuestra nación, marco incomparable para la remembranza  viva y humana, rica en hechos pequeños de insospechable valor significativo y de grandes hazañas y de mártires, cuya nobleza de alma y firmeza de espíritu los llevaron a la inmolación por su ánimo heroico y rendida veneración a la libertad.
En este día áureo de hace 200 años atrás, que vale por corona de triunfo, empezó a gestarse en el revuelto mundo de entonces, la presagiada gran transformación, el cambio brusco de nuestra historia, por los teorizantes franceses, revolucionarios de París, monstruos de la vida intelectual, que avivaron de tal suerte las pasiones libertarias, de uno y otro lado del globo terráqueo.
El subsuelo de la vieja cultura europea estaba minado: en Francia por los Enciclopedistas, en España por los Teorizantes del Despotismo Ilustrado, en Inglaterra por los Liberales Manchesterianos.  Esta fiebre cósmica, no se contuvo en un solo Continente gracias a la desmedida ambición de los Virreyes Caballeros y Góngora y Ezpeleta quienes nos trajeron las Reformas Universitarias, la Imprenta, las Enciclopedias, los Libros, las Nuevas Ideas y a los  sabios como  Humbolt, Bonpland y Mutis. Con este entusiasmo creyeron aumentar su poderío y la presencia de la España moribunda en América, pero los equivocados proyectos hicieron que los criollos, los nativos de estas tierras crecieran como seres humanos, como sociedad con sentido de nación y ambición de Patria y divulgaran, con golosa avidez, las nuevas ideas, los nuevos principios y las nuevas filosofías.
En América, las ideas revolucionarias que habían adquirido plena madurez, se manifestaron en múltiples formas a través de todo el coloniaje, y que un Francisco de Miranda, un Camilo Torres, un Antonio Nariño plasmaron en inmortales documentos
Desde las tierras cálidas de nuestro indómito trópico, hasta las altas e inexpugnables cumbres andinas, desde Lima y Santa Fe de Bogotá, hasta lo más recónditos rincones del llano venezolano, furtivos mensajeros clandestinos, de trapiche en trapiche, de caney en caney, esparcían las noticias de los logros de la libertad. El desbordamiento de los espíritus era un preludio claro de la gran revolución.
En el Perú y en la Nueva Granada se formaban Sociedades  Literarias, para hablar de política; se fundaron los primeros periódicos como El Mercurio, Peruano y El Papel Periódico, de Santa Fe de Bogotá, además de los panfletos, pasquines y volantes que circulaban, a escondidas y clandestinamente, algunos de gran calidad, otros de ingenio nativo  que ridiculizaban a los Virreyes y al Gobierno Monárquico.
Este fue el inicio de la etapa de Los Precursores, expresión genuina de la agitación americana que irrumpió inesperadamente para empujar las masas y precipitarlas a una revuelta, no querida desde el fondo del alma, pero propiciada en parte por la rivalidad existente entre criollos, descendientes de conquistadores o de encomenderos que habían heredado bastas propiedades, detentadores del poder económico  y núcleo de españoles, detentadores del poder político, a quienes la legislación indiana les había prohibido emprender negocios donde desempeñaran sus cargos.

El movimiento de los agitadores, iniciado por las mujeres de nuestros pueblos que siempre estuvieron activas, entre ellas- Manuela Beltrán, quien en un gesto de audacia propicio la ira contenida de la multitud Socorrana, al arrancar, en forma desafiante, delante de las autoridades, un Edicto que imponía tributos; este gesto origino la rebeldía popular y el desconocimiento del gobierno. La marea de la emancipación comenzó a extenderse  como un voraz incendio por todas las provincias, mostrando el terrible poder de un pueblo embravecido.- Poli carpa Salavarrieta a quien la calle de Guaduas vieron florecer su niñez y cuajar su juventud y nosotros la hemos conocido, en las páginas de la historia, fecundando con su sangre a la tierra colombiana, como una rosa de fuego de la libertad, cuando el fiero Sámano, lúgubre desfile la conducía por las calles de su pueblo, rumbo al patíbulo y camino a la eternidad. No fue inútil su sacrificio, pronto, muy pronto el sol de la independencia brillaría para siempre en Boyacá.
 El espíritu  de la rebelión se encrespaba sobre la geografía del Reino, adquiriendo su mayor dimensión cuando los Comuneros del Socorro, en su avance  hacia Zipaquirá se enteraron de que el Oidor pretendía, reunirse con el virrey en Cartagena. A fin de detenerlo, Berbeo designó el mando de las tropas al joven Charaleño José Antonio Galán, de recia personalidad de caudillo, quien defendía con verdadera devoción los derechos y aspiraciones de los desheredados, desatando por mucho tiempo en la historia el odio del oligarquía criolla en su contra, quienes se referían a él con el sobrenombre  de el “Bandido”. Tenía la convicción de que el movimiento comunero solo podía triunfar si se transformaba en una revolución social que despertara  de su letargia  de los sectores  populares de la sociedad colonial. Por eso va a subir al cadalso en medio de la complicidad silenciosa de los magnates de la oligarquía criolla, quienes estaban dispuesto a exigir libertades para ellos, pero no toleraría que se discutieran, como lo hizo Galán, sus derechos de ser dueños de esclavos, de poseedores de grandes latifundios y dé únicos beneficiarios de la explotación de los indios.

El indigenismo alcanzó con Galán sentido de protesta de raza oprimida y al conjunto de su voz, recobraron el orgullo de su sangre. Las revueltas comunes fueron tan brutalmente reprimidas, tan vilmente traicionadas que a pasar de el empeño de intimidar a los revoltosos con la ejecución de Galán, cuya cabezas y extremidades, colgadas de los arboles, adornando el camino del Socorro, fueron exhibidas como triunfal botín de guerra. Su heroísmo sincero y ardiente le hizo exhalar de su pecho los últimos gemidos de vivan  los oprimidos, mueran los opresores” y con la santa inconsciencia del instinto, se tendió claudicamente en la senda del martirio ante un enemigo despiadado y ciego. Pero en este instante de la extinción de sus signos vitales sonaron los clarines y voces de la inmortalidad, presagiando su resurrección en los fastos de la historia.
Nuestros campesinos, nuestros labriegos de faena dura inmolados en la guerra comunera llenaban de cadáveres los caminos y veredas, cadáveres insepultos, bagazos humanos irreconocibles entre la mugre y la sangre, esparcidos como despiadadas represalia al vencido, hicieron que la desesperanza en silencioso proceso llenara los corazones  y obnubilara  el entendimiento y que como salvaje animal herido, esperara el momento preciso para luchar por sus principios, por sus ideales, con nobleza de alma, con ánimo heroico, con profunda y rendida vocación por la libertad.
La Rebelión comunera marca un hito fundamental y prodigioso en el proceso de emancipación. Si se ensayase un interpretación de la historia como hazaña, de la libertad, ningún ejemplo más típico que este de Las Montoneras del Socorro con su grito desafiante. Ese espectáculo humano de pasión encendida, escenario de virtudes y pecados, de angustias y sacrificios; un pueblo confundido y confuso, ardido  y vengador, anhelante y curioso. Era un turbión indetenible y arrollador una desencadenada fuerza del instinto y de la fe, con la valiente figura campesina de José Antonio Galán al frente de un vasto ejército, que fue atrapado y vencido sigilosamente por las finas y cortesanas maneras, típicas de las autoridades Santafereñas.
Fue un proceso lento y complicado el de transformar a los siervos Coloniales en los Insurgentes que en sus Republicanos, proceso que en sus comienzos tuvo clara manifestaciones económicas, ajenas a la emancipación política.
En la historia jornada del 20 de Julio de 1810 podemos observar una insurgencia manifestada con un anhelo de autonomía regional, que se trasformo, de pronto, en ardiente y unánime deseo de emancipación total.
El Acta levantada el 20 de Julio y la Declaración de Independencia Absoluta hecha por el Colegio Electoral de Cundinamarca el 16 de Julio de 1813 consagran las dos etapas del proceso libertario.
En la del 20 de Julio se habla de “no abdicar los derechos imprescriptibles de la Soberanía del pueblo a otra persona que a la del augusto y desgraciado monarca Fernando VII, siempre que venga reinar entre nosotros”; la segunda, curada de timideces y vacilaciones, proclama altivamente: “Nosotros los representantes del pueblo de Cundinamarca declaramos y publicamos solemnemente que de hoy en adelante Cundinamarca es un estado libre e independiente de la Corona y Gobierno de España y de otra autoridad que no emane directamente del pueblo  o de sus representantes; que toda unión política  de dependencia con la Metrópolis está rota enteramente  y que como estado libre e independiente tiene plena autoridad para hacer la guerra, concluir la paz, contraer alianzas, establecer el comercio, y hacer todos los otros actos que pueden y tiene derecho a hacer los estados independientes”.
Con estos documentos memorables, se desplazo la Soberanía de un hombre a un pueblo; de las minorías a las mayorías, principios, fundamentos y sustentación de nuestro sistema democrático que perduró, perdura y perdurará hasta el fin de los siglos.
El homenaje que hoy rendimos a la Patria, debemos extenderlo al pueblo colombiano que ya fuera de los aciagos días  de la rebelión comunera, ya en las jornadas heroicas del Pantano de Vargas y de Boyacá, ora en las luchas sangrientas, dolorosas pero fecundas de nuestro atormentado siglo 19, ya en nuestros días, listos a la defensa del orden legal y de sus instituciones políticas, se ha mostrado siempre sin vacilaciones, a la altura de sus nobles tradiciones civilistas en que la libertad, la democracia han inspirado todas sus actuaciones.
Ese pueblo colombiano que en la gesta emancipadora nos ha hecho lego la libertad, el más preciado de los tesoros humanos, ha hecho posible que Colombia sea tierra infértil para las dictaduras, infecunda para la arbitrariedad, estéril para la violencia que hoy trata de destruir las bases de nuestra civilización, los fundamentos de nuestra cultura y ese aliento moral que nos impulsa a luchar sin tregua, en forma tesonera y gallarda para que nuestro territorio impere siempre la paz, la armonía y la concordia entre todos los hijos de nuestra martirizada Patria.

 

Antonio Guzmán Blanco

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