Nelson Vielma                                                                            

 

 

LA PRIMERA AVENTURA DE LIBERTAD SURAMERICANA        (parte 2)

 

 

Diez y seis días después de salir de Nueva York, la expedición mirandina arribó al puerto de Jacmel en Haití, donde el comandante de dicho puerto Magloire Ambroise, por órdenes de Juan Santiago Dessalines, que con el nombre de “Jacobo I”,  gobernaba a Haití, les brindo todo el apoyo necesario.
En Haití, no olvidaron que doce años atrás, Miranda se había negado a combatir la rebelión haitiana, cuando se lo ordenaron en Francia.
El Comandante General del Ejército haitiano, General Alejandro Petión, le permitió reclutar tropas en Haití y le proporciono; telas, sillas de montar, espadas, charreteras, plumas, gorras para los soldados, cuero para cinturones y otras vituallas bélicas. También le hizo entrega de la famosa espada “Durandal”, la misma que en sus manos había liberado a Haití. Esta espada, devuelta por Miranda al fracasar la expedición, le sería entregada veinte años después a Bolívar y este la utilizaría victoriosamente como espada de combate, para liberar a Hispanoamérica.

Semblanzas de un superhéroe
Francisco de Miranda, ha tenido muchos biógrafos prácticamente en el mundo entero y todos lo describen como un hombre de espíritu subyugante y con don de mando intrínseco. Entre los expedicionarios muchos dejaron en sus memorias, la descripción de este singular personaje. El teniente James Biggs, no los representa de esta manera; “de aspecto recio y dinámico, con una estatura de 1,78 mts, de ojos castaños, poderosos para el dominio y más aptos para la severidad que para la indulgencia, la nariz grande de tipo ingles, nunca se está quieto, los cabellos canos y largos los lleva atados detrás de la nuca. En conjunto, su rostro revela tenacidad y desconfianza, duerme poco, se acuesta a las doce de la noche. No bebe licor, excepto vino, pero solo dos veces, prefiere agua azucarada. Caballeroso de ademanes cortesanos, se excede constantemente en el entusiasmo, es temible cuando se encoleriza. Altivo siempre, guarda distancia con los demás, habla con abundancia de conocimientos, en lo que ayuda su prodigiosa memoria. Une al don de mando, una gran capacidad para convencer. En ocasiones se muestra temerario”.   
Otro expedicionario, John Edsall, en sus memorias de la expedición, nos hace esta descripción; “El primer extraño que vi en la travesía, fue un hombre de una estatura de 1,80 mts, metido en una roja bata de mañana y en zapatillas. Hubiera podido ser calificado de robusto, a no ser por su palidez, su cabello tenía la blancura de la plata. Ha sido la persona más inquieta que yo haya conocido, al hablar movía constantemente las manos y los pies”.

Se continúan ultimando los preparativos en Haití
El “Leander” exhibía cuatro banderas. Al salir de Nueva York, izaron una azul con la luna y el sol como ornamentos, con una consigna; “Muera la tiranía y viva la libertad”. La otra era la inglesa, por la protección que dispensaba en la mar y la otra era la del puerto de salida, Estados Unidos. En alta mar se izaría otra bandera, que había sido diseñada seis años atrás por Miranda, contaba de tres franjas; negro, rojo y amarillo, indicando la igualdad de los negros, indios y pardos en la nueva patria.
Sin embargo, el 12 de marzo en la cubierta del “Leander”, fondeado en la bahía de Jacmel, se escenifica una escena majestuosa. Una formación impecable de la tropa, con disparo de cañón, engalanaba el izamiento por primera vez de la bandera de la nueva patria, que pronto nacería del esfuerzo de ellos. Esta bandera creada por Miranda tenía franjas rectangulares amarilla, azul y roja, suplantaba a la antigua bandera de franjas negra, roja y amarilla, que databa del año 1800. También llevaban a bordo la que sería la primera imprenta de Venezuela, que en la travesía comenzó a producir las veinte mil proclamas en español, que serian distribuidas en tierra firme.
Doce días después de este evento, el histórico de 18 de febrero de 1806, se  organizó en el “Leander”, el “Primer Ejército Colombiano”, que ingresaría a la futura “Nación Soberana”. La primera expedición emancipadora de las colonias hispanoamericanas, ahora disfrutaría de Cuerpo de Oficiales, Regimiento de Artillería, Regimiento de Dragones Ligeros, Regimiento de Fusileros, Regimiento de Infantería,  ingenieros, artesanos y tipógrafos.

 

Comienzan los conflictos internos
No todo fue sencillo en territorio haitiano, a bordo del “Leander” se origino un violento altercado entre Miranda y el coronel Thomas Lewis, las consecuencias de esta insubordinación fue desastrosa para la moral de la expedición, obligándolos a detenerse durante cinco semanas en Haití. Otro lamentable suceso, fue la negativa de Jacob Lewis, capitán del “Emperor” a continuarenla odisea emancipadora, obligando a Miranda a fletar la goleta “Bee” para sustituirla. Tampoco apareció la goleta “Indostán”, fletada en Nueva York, pero Miranda aprovecho una circunstancia para obligar a que le fletaran la goleta “Bacus” para sustituirla.
El caso fue que esta goleta originalmente fue enviada por el ministro español en Estados Unidos, Márquez de Casa Yrujo, con un parque de guerra y algunas correspondencias, al Capitán General de Venezuela Guevara y Vasconcelos, donde le notificaba los planes y acciones de Miranda. La goleta “Bacus” llego a puerto de La Guaira y fue enviada por Guevara y Vasconcelos, a sumarse a la expedición de Miranda con el comerciante italiano José Covachivich, como espía a bordo. El espía fue descubierto y junto a toda la oficialidad fueron bajados de la goleta, luego con la ayuda de las autoridades haitianas, se obligó al dueño el Capitán Morse, a vendérsela a los expedicionarios.
Nuevamente serán tres barcos los componentes de tan magno suceso. El 27 de febrero, le llega la noticia de que nace en Inglaterra su segundo hijo que llevara su nombre, este hijo de nuestro héroe más adelante se enlistara en el ejercito republicano de Bolívar y morirá en un duelo.
El día en que Miranda cumplía cincuenta y seis años de edad, salieron de Haití los paladines de la libertad a bordo de las tres embarcaciones.

 

Ocumare a la vista
El “Leander” (llamado así en honor a su hijo primogénito) enfilaba hacia las costas de Ocumare, lugar elegido por su cercanía a Caracas, donde había contactado a varios notables, llevaba a bordo  más de 500 fusiles, varios cañones, trabucos, 500 sables, 400 machetes, 5 toneladas de plomo y 10.000 pedernales de fusil, aparte de cartuchos y balas. La tripulación ya estaba organizada con el nombre de “Ejercito Colombiano” (Miranda pensaba llamar Colombia a toda Suramérica). El eufórico Miranda, estaba tan feliz de al fin liberar sus tierras, que les narraba a sus oficiales las anécdotas impregnadas de muchas hazañas de sus viajes por Europa, África y Asia. 

No eran mantuanos
El 27 de abril, el día elegido para el desembarco amaneció con una densa bruma, ya estaban frente a las costas de Ocumare, pero era necesario esperar que se disipara un poco la bruma para incursionar a tierra. Miranda se preocupaba porque ya deberían estar esperándolos los comprometidos mantuanos, con quien se había contactado.
Pero a las seis de la mañana, en vez de mantuanos lo que visualizaron fue a un bergantín y a una goleta frente a la costa, Miranda inmediatamente ordeno darles cacería, pero después de perseguirlos a las diez de la mañana desistió por tener muy cerca a Puerto Cabello.

Catástrofe en la bahía     
Obviando el incidente, a mediodía comenzaron los preparativos para desembarcar. La “Bee” y la “Bacus”, bajaron sus botes con el objeto de convoyar tropas, armas y enseres, también por su menor calado estos pequeños barcos serian un puente para desembarcar a los destacamentos del “Leander”.
Pero como a las tres de la tarde, aparecieron repentinamente en el horizonte los dos buques de guerra españoles que habían perseguido anteriormente, disparando sus cañones sobre las lanchas que transportaban las armas del “Leander” hasta las goletas, pero ante la respuesta del “Leander” se retiraron. A la medianoche, reaparecieron nuevamente las embarcaciones, esta vez intercambiando señales con Puerto Cabello.
A las ocho y media de la mañana del día 28 nuevamente aparecieron, esta vez disparando contra la “Bacus”. A las once de la mañana comenzó la debacle. Así narro la acción para la posteridad, el expedicionario John Edsall; “Tan pronto como los avisto el Leander, ordeno a los otros dos barcos atacar por sotavento, mientras el Leander lo haría por barlovento”. Molini el secretario de Miranda, que le acompañaba a bordo, escribió: “Hubo un duelo de artillería, la acción duro alrededor de cuarenta minutos, sin que sufriéramos baja alguna, por fin se considero prudente declinar el combate, a causa de la superioridad del enemigo, en peso de metal y número de hombres. Se izo la señal de que las dos goletas se reunieran a nosotros”.
Pero las dos goletas fueron interceptadas, el Leander se salvo milagrosamente, siendo perseguido por una de las embarcaciones españolas. Los hombres de las goletas atrapadas lucharon con bravura y coraje, como héroes, hasta el anochecer cuando debieron rendirse.

Víctimas de la barbarie española
Una vez capturadas las dos goletas, sus tripulantes fueron maltratados al extremo por los españoles, ellos que no hablaban español, eran golpeados y sacados del mar por los cabellos y sin contemplaciones, para ser trasladados al Castillo de Puerto Cabello. Leamos el relatoJohn Edsall; “nos subieron al puente y nos amarraron las manos a la espalda; entonces fuimos lanzados por la borda del barco para caer como fardos en el bote, luego se nos encadeno por parejas y se nos llevo al Castillo San Felipe”. Moses Smith, otro de los expedicionarios capturados relato lo siguiente; “Fuimos abordados y sometidos. El Capitán Huddle, de la goleta Bee, que fue contratado en Jacmel, recibió un disparo durante el enfrentamiento. David Winton, John Edsall y Joseph Paulding, fueron lanzados fuera de borda, los dos primeros se salvaron, pero el último se ahogo, fuimos despojados, desnudados y apuntados y tan impacientes estaban de su botín, que antes de quitarnos las ropas, nos rompían los bolsillos para robar nuestras pertenencias”.  De esta manera comenzaría el martirio de las primeras víctimas en la lucha por nuestra libertad, fueron 57 expedicionarios capturados y enviados al castillo San Felipe en Puerto Cabello.
Se perdieron en este desastre a dos mayores: Powell y Donahue; siete capitanes: Durning, Billop, Lippencott, Gardner, Bergud, Heckle y Huddle; trece tenientes: Farquharson, Moore, Sullivan, Negus, Johnson, Ferris, Kemper, George, Ingersoll, Gill, Shanon, Halls y Saunders. Estos oficiales, conjuntamente con treinta y cinco soldados, conocerán las lóbregas mazmorras del castillo San Felipe de Puerto Cabello y a la vez serán víctimas de un trato inhumano y dantesco, por parte de sus carceleros y verdugos.                           (Esta historia continuara)

 

 

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