Irradiando la Historia
Nelson Vielma                                                                                   

La insurrección que abrió el camino a la dignidad

 


Dentro de cuatro días, Venezuela entera rememorara el quincuagésimo aniversario de la más más importante y sangrienta confrontación armada del siglo XX, en nuestro país.
El sitio elegido no pudo ser mas emblemático: “Puerto Cabello, donde se pierden y se ganan Republicas”.
Esta confrontación bélica costo centenares de victimas y causo tan agudo trauma político, que genero mas de tres décadas de represión y torturas a los adversarios políticos de los gobiernos de derecha entronizados en el país y esta aptitud gubernamental, obligo a grupos de resistencia popular a crear organizaciones armadas, que fueron conocidas como las guerrillas venezolanas. También este suceso abrió las puertas a la alianza cívico/militar en la lucha social y creo conciencia de soberanía en el imaginario popular.
Sin embargo, a raíz del fracaso militar, durante cuatro décadas, se sostuvo una sistemática campaña que satanizo los objetivos de reivindicación social que motivaron este suceso histórico. Es por ello, que a los cincuenta años de este histórico evento, estamos empeñados en revertir esa miserable campaña de desprestigio, en honor a aquellos hombres y mujeres que ofrendaron la vida, por el ideal más puro de la naturaleza humana, la defensa de un pueblo oprimido.
En esta insurrección cívico/militar, la Base Naval y prácticamente toda la ciudad de Puerto Cabello fueron totalmente tomadas por las unidades rebeldes apoyadas por civiles de izquierda, que durante dos días protagonizaron una encarnizada lucha de dos días de duración. 

Un año muy caliente
El año de 1962 fue políticamente muy caliente, ya que fue influenciado por la “Guerra Fría” entre las dos superpotencias que dominaban el globo: Estados Unidos y la Unión Soviética. Fue un año de sucesos inéditos, en octubre se escenificaría la crisis de los misiles cubanos, donde el mundo estuvo al borde de una guerra mundial. Las guerrillas cubanas habían salido victoriosas. Comenzaba la confrontación en Vietnam y por Latinoamérica se expandía una ideología que confrontaba a los gobiernos entreguitas de su patrimonio a la potencia norteamericana.

 

Una causa popular

Después de la caída de Marcos Pérez Jiménez en 1958, surgió un apasionado movimiento de masas populares en Venezuela, que exigía las reivindicaciones sociales arrebatadas por una década de dictadura. Pero el apogeo de este movimiento popular manifestado en las calles, fue hábilmente confiscado por los sectores políticos, económicos, religiosos y militares, que se opusieron al espíritu antiimperialista que embargaba el sentimiento colectivo, de esta manera se diluía la esperanza de tener una verdadera soberanía democrática.
La gran expectativa popular, de realizar un gobierno que impulsara la transformación revolucionaria de recuperación democrática y un avance hacia la liberación nacional, la independencia y la autodeterminación, fue burlada con la firma de un pacto que garantizaba las apetencias del Imperialismo estadounidense, en detrimento de los intereses soberanos y de inclusión social de la población.

El celebre pacto
El gobierno betancouriano, conjuntamente con las dirigencias de los partidos políticos: Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y Social Cristiano COPEI, en una macabra alianza con la oligarquía criolla, las empresas transnacionales y el imperialismo norteamericano, utilizando un instrumento legal pero ilegitimo, firmaron el famoso pacto de Punto Fijo. De esta manera Venezuela se convertiría en un país satélite de uno de los dos imperios que se estaban disputando el control económico y geopolítico del mundo, en este caso el beneficiario del pacto fue el imperio norteamericano y su tesis de anteponer el capital antes que lo social.
El gobierno de Rómulo Betancourt, siguiendo esos patrones de corte capitalista, en sus primeras acciones paralizo las obras de interés colectivo, redujo los salarios en la administración pública, reprimió las manifestaciones populares y redujo el presupuesto asignado a la educación, generando así la frustración y desesperanza de la población venezolana. Esta situación hizo que se generalizara en todo el país una fuerte ola de protestas, que fueron reprimidas bárbaramente. 

Exploto Venezuela
En esta situación desesperada de un gobierno impopular, que se enfrento a todo un pueblo sediento de justicia social, estallaron dos alzamientos cívico/militares que no lograron sincronizarse entre si, en rechazo del gobierno de Rómulo Betancourt.
El primero de ellos estallo el 4 de mayo, siendo protagonizado por el Batallón de Infantería de Marina Nº 3 y el destacamento de la Guardia Nacional Nº 77, acantonados en Carúpano y el segundo estallo el 2 de junio, protagonizado por la Base Naval de Puerto Cabello.

Se rompió la monotonía porteña
En la madrugada del sábado 2 de junio, aun no superado el impacto de los sucesos de Carúpano, el Capitán de Navío Manuel Ponte Rodríguez, ex/jefe de la segunda sección del Estado Mayor Naval; el Capitán de Fragata Pedro Medina Silva, Segundo Comandante de la Base Naval y el Capitán de Corbeta Víctor Hugo Morales, oficial de la Escuela de Guerra Naval, conjuntamente con el poeta coriano Servando Garcés, quien tomo la palabra, rompieron la monotonía porteña al dirigirse al país a través de Radio Puerto Cabello.

La antena de transmisión
El comandante del Destacamento Nº 55 de la Guardia Nacional, después de estar comprometido en esta acción, delato el golpe y destruyo la antena de transmisión de Radio Puerto Cabello, afortunadamente ya había salido el mensaje de Servando Garcés Fegurson, anunciando la insurrección y llamando a la participación popular.
El llamado de estos comprometidos, incitaba a la población venezolana a sumarse al movimiento nacionalista, que reivindicaba los mismos postulados y el programa del “Movimiento de Recuperación Democrática”, establecido el 4 de mayo en Carúpano. De esta manera la ciudad de Puerto Cabello se insurrecciono, convirtiéndose en un escenario de sangrienta lucha.

Una ciudad tomada…
En la madrugada de ese histórico sábado, el Capitán de Fragata Guillermo Ginnari, fue despertado abruptamente bajo amenazas de ametralladoras, con estas frases: “Está preso Capitán, es mejor que se porte cuerdo”, simultáneamente fueron detenidos de la misma forma, el Comandante de la Primera División de Infantería de Marina, Capitán Oswaldo Moreno y el jefe de la Escuadra; Capitán de Navío Jesús Carbonell Izquierdo, quedando la base Naval en manos de los rebeldes.
Toda la ciudad amaneció tomada por efectivos militares, sus principales esquinas estaban custodiadas por efectivos militares y oficiales que recorrían los puntos estratégicos en jeep, coordinando las acciones de sus tropas. El Castillo San Felipe, fue tomado por los sublevados y sacaron a los prisioneros de sus calabozos. Estos prisioneros provenían de la Isla de La Orchila y de la reciente rebelión de Carúpano. Fueron instalados nidos de ametralladoras en puntos estratégicos de la ciudad. Se tomaron todas las dependencias militares, la Digepol, la comandancia de policía, las prefecturas y las sedes de los dos partidos de gobierno. 

 

Comienza la confrontación
El sábado 2 de junio, el teniente Rafael Sierra Acosta,  salió de reconocimiento en una unidad militar, creyendo que las tropas del Batallón Piar y el Destacamento Nº 55 de la Guardia Nacional, que se encontraban apostados en la estación de ferrocarril a la entrada de la ciudad, estaban sumadas al levantamiento y fue a indagar del porque no estaban instalados en la alcabala de El Palito. Lamentablemente para este oficial, estos contingentes no estaban incorporados al alzamiento y le agredieron despiadadamente. Los oficiales al mando de la escuadra y del Destacamento Nº 55 de la Guardia Nacional acantonados en Puerto Cabello, se habían negado a participar.
Después de este confuso evento, aproximadamente a las diez de la mañana el Batallón Piar inició el desplazamiento por los lados de Playa Blanca, comenzando así la sangrienta confrontación bélica, al ser repelidos por los insurgentes. En las inmediaciones del Cuerpo de Bomberos se encontraba un apreciable número de estudiantes y gente del pueblo defendiendo sus posiciones y demostrando la plena participación ciudadana en esta histórica confrontación. Puerto Cabello estuvo convertido durante dos días en un verdadero campo de batalla, al que de manera espontánea se sumaron estudiantes y trabajadores para enfrentar a las fuerzas militares gubernamentales.

La despiadada reacción gubernamental
Tan pronto el gobierno nacional se entero de esta nueva insurrección, ordeno a los efectivos de la Fuerza Aérea y del Ejército que rodearan y atacaran la ciudad, produciéndose un sangriento combate frontal entre las fuerzas insurrectas del Batallón de Infantería de Marina General Rafael Urdaneta, al que se le habían sumado varios oficiales de la Base Naval, así como un numeroso grupos de civiles que habían sido armados por éstos, enfrentándose a las tropas del Batallón Carabobo, que se había trasladado desde Valencia, al mando del Coronel Alfredo Monch. Así comenzó el trágico enfrentamiento en el sector conocido como La Alcantarilla y en el liceo Miguel Peña, donde se conformo el Comando Cívico/militar.
El gobierno de Betancourt, movilizó cerca de tres mil efectivos militares, sesenta cañones de todo calibre, diez y seis tanques de guerra y una flotilla de aviones bombarderos. En definitiva, participaron fuerzas de tierra, mar y aire, para someter al rebelde Puerto Cabello.

Las mentiras de Carlos Andrés Pérez
El domingo 3 de junio, el ministro de Relaciones Interiores Carlos Andrés Pérez, anunció que desde el amanecer las Fuerzas Armadas leales al gobierno habían puesto fin a la rebelión, con un saldo de más de cuatrocientos  muertos y setecientos heridos. Vil mentira de este nefasto personaje, como la que dijo veintisiete años después, cuando masacro nuevamente a los venezolanos en el llamado “Caracazo”.
Se estima que en el Porteñazo, murieron varios miles de venezolanos, que fueron recogidos como escombros, con palas mecánicas, colocados en camiones volteos y vaciados en fosas comunes en el Cementerio Municipal y en Playa Blanca, donde eran arrojados impúdicamente.

Disparen primero y averigüen después
Esta insurrección fue el escenario para la triste e inhumana orden de Rómulo Betancourt, de “disparar primero y averiguar después”, contra la población venezolana. Esta macabra orden fue cumplida al pie de la letra por el entonces ministro de Relaciones Interiores, Carlos Andrés Pérez, que actuó como sicario y verdugo del pueblo venezolano en estos sucesos. La nefasta orden emitida por el Ministerio de Relaciones Exteriores, fue interceptada en los radios de la Base Naval: “Sin importar las consecuencias”. Se refería este detestable hombre a las consecuencias que acarrearía bombardear a la inocente población civil, ya que esta rebelión se escenifico dentro del perímetro urbano de la ciudad.

El comportamiento ciudadano
En esta situación el máximo protagonista fue el pueblo porteño, inocente de lo que estaba por suceder, ese día sábado asistía al mercado libre situado entre las calles Carabobo, Regeneración y Bermúdez, donde las lágrimas y gritos lastimeros de las mujeres, comerciantes y clientes, se confundían entre las ordenes de mando de los oficiales.
En las noches las familias encerradas en sus hogares, aterradas escuchaban las orugas de los tanques, las pisadas marciales de los pelotones, los disparos asesinos y las ambulancias trasladando heridos. Pero esto no era impedimento para la solidaridad porteña, muchas familias se quitaron el pan de la boca para entregarlo a los insurgentes, que recibían constante comida y agua de parte de la población.

Los valientes civiles
Como anteriormente señale, muchos civiles se comprometieron en esta jornada insurrecta, hacia ellos mis saludos y la memoria de los pueblos dignos, me es imposible nombrarlos a todos, he aquí solo a algunos de ellos: Domingo Alberto Rangel, Jesús Villavicencio, Manuel García Ponce, Servando Garcés Fergunson, German Lairet, Gastón Caraballo, Manuel Quijada, Narciso Castillo, Antonio Guevara, Dora Parra, Luís Alberto Caricote, Francisco López Trompiz, Bartolomé Vielma Hernández, Luís Rafael Hernández, Carlos González, Efraín Blanco, Alcides Rojas, Félix Gil Moreno, Miguel Veliz Montero, Carlos Richardi, Graciela Guevara, Max Escobar, Jorge Guevara, Cesar Curiel, José Ignacio Parra, Elías Rivas, Julio Valero Roa, Enrique Gotier, Oswaldo La Roche, Luís Sequera, Cruz Maria Arias (Cruzchivita), Miguel Reyes, Arístides Reyes, José Reyes Puerta Cañizales, Alfredo Carriles, Marcial José Blanco, Efraín Blanco, Boris Domínguez, Pablo López, Julio Mora, Fabio Urbina, Raúl Cordero (Tucacas), Andrés Eloy Blanco, entre otros valientes civiles, venezolanos herederos de nuestras glorias ancestrales.
Nelson Vielma

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